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"Todo se transforma" (Jorge Drexler)

Saboreadla

Todo se transforma

Tu beso se hizo calor,
luego el calor, movimiento,
luego gota de sudor
que se hizo vapor, luego viento
que en un rincón de La Rioja
movió el aspa de un molino
mientras se pisaba el vino
que bebió tu boca roja.

Tu boca roja en la mía,
la copa que gira en mi mano,
y mientras el vino caía
supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

El vino que pagué yo,
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.

Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería......

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

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falsas ilusiones falsas

Un paisaje. Se eboca de una nota, de un sonido. Me transporta. Me lleva en volandas. Me acoje en su regazo de inmensa paz. Allí no tienes cabida. Estás prohibida porque en él no entra la puta melancolía, alarde de nostalgia. Una vez y dos y tres te seguí, me anclé a tus clavos ardientes. Me engañaste, me hiciste creer que tu umbral me transportaría al estado imperturbable, que en ti encontraría el alivio, que contigo desaparecería el desasosiego pero igual que la vida solo puede ser entendida mirando hacia atrás, ésta sólo puede ser vivida hacia delante.

 

Hoy te dejo, dimito de ti, de tus mentiras, de tus malas artes. Aléjate melancolía.

El porqué.....

"La belleza es verdad y la verdad belleza, no hace falta saber más que esto en la tierra."

(John Keats)

Orgullo de clase

Orgullo de clase

En el angosto mundo de la “blogosfera” te encuentras con afirmaciones sorprendentes. De esas que, como los buenos vinos, ganan intensidad y cuerpo cuando se dejan reposar en barrica de madera. Hace unos días un/a internauta hablaba en primera persona del plural de la pobreza (“los pobres somos...”) impunemente. Y eso lo dice alguien que tiene un ordenador para conectarse a Internet, un trabajo, ha podido estudiar una carrera y un largo etcétera. No me imagino lo que le diría un pobre de solemnidad al oír tan frívola afirmación. No creo que se sintiera tan cercano a esta persona de lo que ella se cree.

El caldo de cultivo de esta banal afirmación es el orgullo de clase. Y es que quienes, en principio, luchan en contra de las clases sociales son quienes más las promueven. Las necesitan para hilvanar su discurso progresista. Éste, hipócrita, apunta hacia la erradicación de las clases sociales pero, en realidad, se esconde tras él una concepción burguesa de las mismas. No quieren que desaparezcan sino que se aumenten sus diferencias porque eso les permite situarse de forma artificial y forzada en el bando opuesto a sus enemigos y seguir atacándolos. De este modo, pueden situarse en mesas a jactares de su condición, atacar al empresario y llamar esquiroles a quienes no piensen igual que ellos como si nos encontráramos en plena Revolución Industrial. Encuentran en la lucha de clases su auto reivindicación ideológica y en sus camaradas “pseudoprogres” la auto complacencia.

Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva clase social, la que Antonio Burgos define como la de los “progres con Visa oro”. El mundo de la farándula nos proporciona muchos ejemplos ilustrativos. Desde Sabina hasta Ana Belén pasando por Bardem y un innumerable elenco pseudointelectual. Pero va más allá de la mera pose de los famosetes. Ya se sabe, las modas, que se extienden como la marabunta.

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Desastre humanitario

Humanitario. Estamos cansados de leer y escuchar este adjetivo en los medios de comunicación tanto escritos como orales. Sin embargo, casi siempre se emplea de forma incorrecta y bien sabido es que casi todos los errores ocultan una falacia tras ellos.

Según la última edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el adjetivo humanitario tiene tres acepciones:
1-Que mira o se refiere al bien del género humano.
2-Benigno, caritativo, benéfico.
3-Que tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen

Atendiendo a esta definición, no se explica como el maremoto del sureste asiático ha podido suponer un “desastre humanitario”, expresión que, en realidad, significa un desastre bueno para el género humano o cuya finalidad sería aliviar el sufrimiento de las personas. Evidentemente, esto carece de sentido teniendo en cuenta la linea editorial de estos medios. Primer tirón de orejas.

Si nos remontamos en el tiempo unos meses atrás podemos observar que para la mayoría de medios “progres”, en la intervención en Irak se produjeron "crímenes humanitarios"Ídem. Un contrasentido puesto que el tenor literal de la expresión significa que los crímenes en cuestión conllevaban un beneficio para los irakíes y para la humanidad. Curiosa paradoja. Segundo tirón de orejas.

El adjetivo correcto sería humano (pertenecinte o relativo al hombre). Por lo tanto, la expresión acertada sería "desastre humano" o "crímen humano". El problema se produce por mimetismo, por esa costumbre de utilizar “expresiones de segunda mano”. Esta confusión semántica puede ser disculpada para el ciudadano de a pie pero no para los medios de comunicación ya que éstos tienen la enorme responsabilidad de utilizar correctamente la Lengua. No podemos pretender que la gente utilice correctamente las palabras si los medios inducen a error. En el caso del mencionado adjetivo, mucho me temo que va a resultar muy costoso recuperar su sentido verdadero porque el oido popular se ha acostumbrado a asoiar este término con un significado que es, en realidad, incorrecto. La habéis hecho buena

¿Rectificar es de sabios?

amanecer.jpgCuantas veces habremos oído esta expresión! ¡!“rectificar es de sabios”! Desde nuestra más tierna infancia nos lo repiten padres, profesores, amigos pedantes, mensajes televisivos, etc.. Sin embargo, esta aparentemente, inocente expresión es un claro ejemplo de una máxima, no por mucho repetir algo falso se convierte en verdadero.

¿Por qué es de sabios rectificar?, ¿qué sabiduría demuestra alguien rectificando?. Ninguna!! Cuando alguien rectifica es porque ha descubierto que algo que creía cierto no lo es. Por lo tanto, reconocer un error ante la evidencia interna del mismo es tan sólo un acto de honestidad, honradez y, por supuesto, justicia moral. Pero en ningún caso es síntoma de sabiduría.

La sabiduría estará relacionada, en todo caso, con el proceso por el cual se descubre que hay un error en el pensamiento, con la investigación que nos lleva a descubrir la verdad pero NUNCA en el hecho de rectificar cuando ésta es descubierta. En la mayoría de casos, somos tan prepotentes que son los demás quienes nos hacen darnos cuenta de nuestros errores, quienes nos arrojan “la luz” de la sabiduría a hostias porque nuestra VANIDAD nos acomoda. Nos tumba en el cómodo sillón de la autocomplacencia y la jactancia. Pocas veces, nos cuestionamos lo que creemos como cierto y seguimos investigando más allá. La vanidad es el mayor cáncer del intelecto y suerte tenemos algunos de estar rodeados de gente mucho más sabia que nosotros. Genios altruistas que nos acercan al conocimiento cuando nuestro EGO nos permite bajar del pedestal. Gracias a ellos, en alguna ocasión, alcanzamos a saborear un pedacito de la auténtica sabiduría.

La afirmación que da origen a estas líneas no es más que el intento por revestir de cierta dignidad un acto (el de rectificar) que, en la mayoría de ocasiones, debemos agradecer a otros, sabios estos de verdad.

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